Siglo XVII

ORIGEN DEL TORO ENMAROMADO DEL CORPUS 

La tradición taurina de la villa es muy antigua, ya en los primeros libros y cuadernos de fiestas de los siglos XV y XVI se mencionan festejos taurinos (toros alanceados, encierros, etc.), destacando entre ellos los de San Juan de Junio y Nuestra Señora de Agosto, solemnidades en las que los toros eran parte esencial y permanente de las fiestas. Las fiestas de San Juan y Nuestra Señora de Agosto, aunque indudablemente de carácter religioso, habían adquirido significación popular y profana. Para su celebración, el concejo compraba un par de toros que los vecinos corrían cada uno de estos días por la Rúa, desde la plaza de Santa María a la de San Nicolás.

Entre los documentos más antiguos que hacen referencia a los festejos taurinos y que se conservan en el Archivo benaventano, se encuentra una Real Provisión de Doña Juana I, Doña Juana I, ordenando al Obispo Fonseca que haga tasación de los bienes de las cofradías, hospitales, votos de toros y espectáculos de la villa para que no cometan abusos los comisarios de las bulas de la Santa Cruzada, fechado en 1516.

El Corpus no era una Fiesta que se distinguiese especialmente por dar cabida a los juegos y suertes taurinas, contrariamente a lo que sucedía con otras festividades de la villa. En las cuentas del Corpus prácticamente no se incluyen gastos de toros hasta bien entrado el siglo XVII y esto de una forma discontinua. En cambio se organizan espectáculos taurinos con ocasión de la visita a Benavente de algún personaje ilustre, reyes, príncipes, invitados de los condes, etc. Asimismo algunas cofradías como la de la Misericordia organizaban corridas de toros en las festividades de sus patrones y para recaudar dinero con destino a sus obras benéficas.


El castillo benaventano sirvió de esta forma de morada a algunos reyes, teniendo lugar tanto en la villa como en su fortaleza durante dichas estancias diversos espectáculos y juegos taurinos en su honor. Hecho por otra parte frecuente en una época donde no solía faltar el ingrediente taurino en las fiestas. Entre las visitas destacaron la de
Juan II (1442). Fernando e Isabel (1486) -se mataron varios toros que se trajeron de Sanabria-, Felipe el Hermoso y su esposa Doña Juana (1506) y nuevamente Don Fernando el Católico en las mismas fechas con ocasión del Tratado de Villafáfila.

También en 1544 la villa y su castillo se engalanaron para recibir la llegada del entonces
príncipe Felipe (futuro Felipe II) y de su hijo el infante Don Carlos, según relata el cronista de la época Andrés Muñoz. El recibimiento que se les dispensó consistió además de en salvas de artillería y un vistoso cortejo de bienvenida, en cacerías, torneos a pie y otros festejos en su honor que tuvieron lugar durante los días de su estancia. No faltaron los toros, corriéndose y toreándose en varias ocasiones.

En las cuentas del mayordomo de propios José González Maldonado, correspondientes a 1759 se recoge una memoria de los gastos ocasionados en la función del Corpus, en los que se ha escrito: "dos reales por llevar el buey... cinco reales y medio de medio cántaro de vino, que mandó el señor comisario dar a las personas que pusieron el novillo en el carro para llevarlo al matadero". Aparecen junto a otras partidas que hacen referencia a los fuegos de artificio que daban realce a la fiesta.

Aunque bien es cierto que en estos primeros momentos los documentos hablan de buey, es presumible que se refieren o designan igualmente al toro. Hecho muy frecuente en estos siglos constituyendo una designación ponderativa de la poca bravura de un toro y no en la acepción actual. Este término así empleado se continúa utilizando en tauromaquia. Algunos escritores como el Duque de Rivas así lo han empleado. En su obra titulada "El aniversario" ofrece una descripción de toro enmaromado de esta forma: " Un buey del país, enmaromado con una larga soga".

 

Antecedentes, Origen y Evolución LA FIESTA DEL TORO ENMAROMADO / FONDO DOCUMENTAL del Centro de Estudios Benaventanos Ledo del Pozo
© Centro de Estudios Benaventanos Ledo del Pozo - Autor: Juan Carlos de la Mata Guerra  
Cuadernos Benaventanos nº 1